Andrés Quichimbo más conocido como “cajita”, es un muchacho de trabajo, desde muy temprano su vida había sido muy difícil. Desde los doce años se tuvo que hacer cargo de su hogar porque sus padres lo abandono y a los 16 al quedar huérfano de madre, terminó también a cargo de sus hermanas menores, ahora con 26 años de edad y con lo poco que gana trabajando de lunes a domingo, animando fiestas, haciendo malabares en los semáforos, subiéndose en los carros hacer chiste, ahora por fin vive solo en una pensión de la más baratas, comenzó a disfrutar de la vida, sus dos hermana ya se habían casado y de vez en cuando lo visitaban.
Además de pobre estaba solo a pesar de su edad, el trabajo de toda una vida había hecho estrago en el. Andrés es un hombre muy delgado, alto, de tés blanca; su rostro refleja el semblante del trabajo duro el cual se endurecía aún más cuando salía el sol, sus manos eran ásperas y secas como la liga, gastadas por el diesel que tiene que usar en la noche para hacer malabares con fuego en los semáforos de la ciudad.
Su dinero apenas alcanzaba para costearse en par de trajes de segunda mano y pasados de moda, camisetas y unos tristes zapatos negros, todas las mañanas desde muy temprano salía de la pensión a esperar la buseta para comenzar a trabajar, siempre a las siete de la mañana se subía en la línea 57, el motivo es que en ese bus todos los días viajaba una bella dama…………………
A primera vista se veía diferente al resto de las mujeres del bus y ella era como las gringas que había visto en la tele y en la revistas; la belleza de esta mujer llamaba la atención de todos por su rubia y rizada cabellera y sus ojos celestes, pero principalmente por su blanco y perfecto cutis, limpio sin asperezas…….
Todos los días Andrés mientras hacia reír a las personas del bus, la admiraba de lejos, soñaba con sentarse junto a ella y hacer todo con ella….., pero como siempre, era mucho más fácil admirarla desde muy lejos, nada hubiera cambiado de no ser porque un día un hombre se sentó a lado de la muchacha, le manoseó las piernas y quiso besarla, nadie hacía nada entonces Andrés enfureció; y la defendió del patán, sacando a este a golpe del bus.
Realmente fue algo heróico, la muchacha entonces le agradeció y al bajarse se despidió con un beso en la mejilla, desde ese momento Andrés conversaba con ella todos los días…………………………
El nombre de la muchacha es Lipsi, su padre es un marino que conoció a su madre en un bar en el puerto de manta, sólo le había dado la vida, ambas Vivían modestamente en el sur de la ciudad. Lipsi trabajaba de cajera en burguer quin un local de comidas rápidas y soñaba con un mejor futuro.
Es justo decir que Lipsi era muy coquetona le gustaba coquetear y jugar con las emociones y sensibilidades, pero no era culpa suya que Andrés como lo llamaba ella, se hubiese obsesionado tanto y se hubiere hecho tantas ilusiones con esa relación casi inexistente que tenían.
Luego de unos meses Andrés decidió declararle su amor a Lipsi y decidió gastar su dinero en un hermoso ramo de flores, esa mañana se vistió con sus mejores trapos y se perfumo, la vida era color de rosa por fin, pero su ánimo cambio bruscamente al subir el bus pues junto a Lipsi, un joven alto y distinguido la abrazaba y jugueteaba en su oreja, era obvio que era más que un compañero de trabajo, ella ignoro a Andrés y le coqueteó descaradamente el joven, Andrés guardo el ramo de flores bajo su brazo y por su mejilla rodo una triste y profunda lágrima de dolor, se sentó al final del bus y se bajó calladamente y solo la miro de reojo. Aquella imagen quedó grabada en las pupilas de Andrés ese momento fue como una emanación tóxica de cualquier ácido, casi tan ácido como el amor que sentía Andrés por ella.
Esta es una parte de mi vida queriendo buscar la felicidad, sin darme cuenta que la verdadera felicidad son los momentos que nosotros vivimos a diario. Dicen que hace miles de años la tierra estaba invadida por unas bestias de dos cabezas y en cada lado del cuerpo tenían dos brazos y dos piernas y cada una de las bestias eran feliz sola; un día un mago envidioso por su felicidad castigo a todas las bestias dividiéndolas en dos y separándolas por muchas vidas.
Desde ahí se dejaron de llamar bestia y adoptaron los nombres, hombre y mujer y cada uno para poder ser feliz vive buscando su otra mitad, vida tras vida, pero no siempre cuando se encuentran logran ser feliz, deben pasar por muchas pruebas para poder ser uno otra vez.
